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8 de de 2012
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De narcotraficante a pintor


Francisco Texana nació en la ciudad de Colima al oeste de México. Hoy en día, tiene 56 años y hace ya 23 que está preso por tráfico de drogas. Aún le quedan 17 años en prisión. En el ambiente del reclusorio Norte de ciudad de México es llamado Paco. Él llegó a prisión por participar en actividades ilícitas del cuartel de Guadalajara, el cual estaba en su momento comandado por Rafael Caro Quintero. Entre sus cargos, también se le acusa por haber formado parte del homicidio al agente de la DEA Enrique Salazar (1985).

Lo sorprendente de esta historia, es que durante sus años de cárcel Tejada se dedicó a pintar y también a realizar inventos. Producto de esto, hoy en día es el director del taller de pintura del cual ya han salido varios pintores profesionales. A continuación, sorpréndete con el testimonio de alguien que ha cambiado radicalmente su vida:

“Yo quería ser policía, y un día vi en un periódico que estaban solicitando alumnos para una academia. Ése fue mi acabóse, llevé a mi hermano, el menor, y a otro amigo,y de 40 muchachos que entramos en esa primera generación de la policía en Tijuana, 39 están muertos. Quedo yo vivo, nomás. Y me salvé porque estoy aquí, ¿eh? A todos los han matado a balas.

Ya cuando entré a la policía, pues me empecé a corromper. Poco a poco, empieza uno. Primero uno quiere trabajar bien, pero luego te corrompen los compañeros, y te corrompes tú, no tienes valores morales sólidos; y yo acabé andando con narcos.

La policía es fascinante. Me gustaba, ya no, pero me gustaba. La adrenalina; creo que por eso se jala a muchos chamacos que sólo van a eso. Las películas que ve uno, la televisión, y todo el rollo lo trae a uno lleno de fantasía.

Ser policía era una desilusión tras otra. El comandante nos pedía dinero, y tenías que pagar renta. Si no, tienes que irte castigado a cuidar casas de cambio, te corrompes o te corrompes, ¿no? Es muy feo. No me gusta mucho platicar de eso.

Es una cosa increíble, la corrupción. Todos andan sobre el dinero, robando, agarrando dinero y yo cometí el error de andar con ellos.A mí me agarraron con ellos. Nosotros no teníamos enemigos: cuando yo andaba en eso eran cinco o seis narcos, y todos eran amigos.

Nunca supe lo que es la familia. Allá afuera, nunca supe. Me avergüenza decirlo. Sí, tenía mi mujer, tenía mis hijos, y llegaba y dejaba dinero en la casa. Pero me iba, yo tenía la mente en el trabajo. Aquí fue que conocí el amor de la familia, el amor por los hijos, el amor por mí mismo, el respeto: eso ha sido un descubrimiento que hice aquí en la cárcel.

A mí no me gustaría platicar lo que viví yo con el narcotráfico porque no me gusta hacer apología del delito. Yo arriesgaba la vida con una facilidad impresionante. Estuve cuarenta y tantas veces a punto de morir. Andar arriesgando por el dinero, por una estupidez, por presumir. Uno cree que es una cosa muy positiva traer un reloj de oro, o el coche, o las armas, son babosadas, puras tonteras.

Me gustaría mucho que vieran la experiencia que tuve, de ser delincuente a ser artista. A descubrir el estudio, a descubrir que se puede cambiar. Fíjense: yo, de ser una persona decente me vuelvo narcotraficante, y vuelvo a ser decente.”

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