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9 de de 2012
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Adolf Hitler quemaba libros, pero también los leía


Mientras desataba la Segunda Guerra Mundial, y ordenaba el exterminio de los judíos, era incapaz de relacionarse profundamente mediante el amor o incluso la sinceridad, no era capaz siquiera de tener una amistad, y hasta lo que sentía por Eva Braun y por su perra alsaciana Blondie eran apegos contaminados.

El vínculo con los libros no tenía porque ser diferente, al que le pasaba con países, instituciones y personas, tanto así que Hitler, no fue amable ni con ellos. En Mein Kampf  podemos acceder a su concepción de lectura, ya que nos cuenta que para el “leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin”, algo así como rellenar un mosaico con lo que la lectura le proporcionaba, tal cual fueran las “piedrecitas¨.

Abusivo y oportunista, la lectura era meramente instrumental, y en general opinaba que no servía, mas que para ¨tomar¨ lo que necesitaba de ella. Su compulsión nunca lo deja leer por placer, tanto que August Kubizek, su amigo de juventud, lo describía como sumergido en su mundo de literatura.

Lo único con lo que llego a Viene fue con su pobreza y con cuatro cajhas llenas de libros; Ian Kershaw, en su biografía (Hitler, Península) profundiza sobre que “leer no era algo que hiciese para ilustrarse o para aprender, sino para confirmar prejuicios”.

Se pone además en duda que Hitler fuera hábil lector de buena literatura y obras clásicas, ya que se inclinaba mas al subgénero antisemita; fanático de las enciclopedias y almanaques, de los que podía extraer e impresionar con mucha información en poco tiempo, así como los libros de ocultismo.

El judío internacional de Henry Ford; La amoralidad en el Talmud; El arte de convertirse en orador en pocas horas; conservaba un manual (1931) sobre gases venenosos, con un capítulo dedicado a los efectos del ácido prúsico, comercializado como Zyklon B…
Gustaba de los relatos del explorador Sven Hedin, y de las novelas del Oeste de Karl May, pero incluso ello lo utilizaba como ejemplo a la hora de ordenar a los generales sobre habilidad táctica ejemplificando al héroe apache de May.

Hitler’s private library, the books that shaped his life (La biblioteca privada de Hitler, los libros que moldearon su vida; Nueva York, 2008), escrita por Timothy W. Ryback, rastrea con habilidad detectivesca y pulso literario en el ecléctico fondo bibliográfico del líder nazi en sus 16.000 volúmenes y cuales de estas obras han sido leídas por el dictador y pudieron ser o no decisivas, por su significación emocional o intelectual, en la vida del Hitler lector. El autor de esta obra, se posiciona físicamente años después sobre las obras que este leyó e incluso anotó o subrayó, asegurando que leía a veces hasta uno por noche y por lo cual a menudo tenía broncas con Eva Braun.

La vinculación de Adolf Hitler con los libros que hoy día se encuentras repartidos por diferentes bibliotecas del mundo e incluso algunos aun perdidos por toda Rusia, era inquietante.

Ryback tropieza en el canon hitleriano con obras que componen la base fundamental de su pensamiento filosófico; y obviamente las obras no van mas allá de ser serialmente desagradables y racistas. Entre ellas, libros de ocultismo y seudociencia (como la obra de Ernst Schretel, copiosamente subrayada por el propio Hitler, y llamada Magia: historia, teoría y práctica).

En lo que refiere a libros militares, el autor enfatiza sobre la biografía del prusiano Schlieffen, un práctico manual de identificación de tanques y varias obras sobre Federico el Grande, especialmente la biografía de Carlyle.

En su retiro alpino del Berghof guardaba las obras completas de Shakespeare.
Con animo de despejarse, o no.. ya que cita algunas a la hora de hablaren sus discursos y dirigirse a sus enemigos políticos.

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